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mudar el lomo y el estante

Tardé nueve años y medio en meter mis cosas* en un piso, el mío.

*Mis cosas: once cajas con cómics (alguna bolsa más con lo que ha ido apareciendo), diecisiete de libros (varias cajas más con lo que ha ido apareciendo), dos cajas de frutas reconvertidas como transporte de vinilos, tres cajas de dvds, ocho de cds, doce (hasta ahora) carros de la compra de El Árbol llenos de  catálogos, revistas (olvidé contabilizar las cajas de las que salvé), flyers, apuntes, dibujos, carteles y papeles varios tirados: eso ha salido de mi casa, esas cosas, las mías, y la casa que ha ido apareciendo bajo mis cosas.

A veces no es importante que los libros y los papeles no salgan de su anaquel en varios años: uno los ve de perfil, sus lomos, su carpeta contenedora, su celulosa roma, y ya está: sabe que están allí, que le harán falta, que son la llave de multitud de instantáneas: esto lo escribí aquí, aquello lo compré allí, eso lo aprendí de esa manera, con el papel, la letra y el tacto preciso, con la huella pulida de la vista, que acaricia esos perfiles suaves que antes fueron aristas.

Dejar mi casa a merced de unos inquilinos inconscientes de sus esquinas, que significarán cada rincón ajenos a las historias hermosas que he vivido, a la buenaventura con la que hice añicos mi cuenta corriente cuando aún se podía comprar un metro cuadrado de vivienda con cierta dignidad.

Y ahora todo eso viene a nuestra casa*, donde conviven en las estanterías las voces que trajo Sara de Berger con los epitafios que rescaté de Cioran, nuestras coincidencias asiáticas, mis cárceles de papel y sus pentagramas, la luz cansada de las portadas pulp, las cubiertas manidas tusquets, alianza, bruguera, anagrama y (!) aristas martínez (automanoseo).

*Nuestra casa: el lugar donde Roque juega a los objetos corrientes: una botella, un tapón, una pelusa o la bisagra de las puertas.

Un nuevo lugar, una nueva biblioteca donde mis libros y sus libros se hacen grandes y fuertes como la nueva cadena de ADN que hemos creado: tus cosas y mis cosas, tu luz y la mía, la belleza de tus manos y la mirada con que nos reconocemos: libros que mezclan sus páginas, que se releen, que reentendemos, de la misma manera que una canción llega por la mañana y nos retrata y define y dice: aquí estáis.

Ciertamente hay un orden posible y coherente en cada biblioteca pero ¿quién lo quiere?.


No dedico nunca mis entradas de blog a nadie, sin embargo debo este texto y el significado de mi biblioteca a las personas, la mayoría amigos, que han dejado que contemple, admire y consulte las suyas: Carlos González, José Antonio Llera, Fidel Martínez, Felipe Zapico, Rodolfo Franco, Carlos Montero, Teresa Calderón, Fco. Javier Pérez, Jesús Ge, Mar Benegas, Marcus Versus... charlas con ellos en sus casas y los libros salen de sus anaqueles y van a tus manos, acompañados de palabras amables, de historias hermosas... invitaciones a extrañas y vitales aventuras.
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