Tecnología martillo

El problema de la izquierda -socialista- en Extremadura es que tienen demasiados amigos, de la misma manera que la derecha tenía, hasta hace seis meses -la otra izquierda, entre otros,- demasiados enemigos.

Los dirigentes no se van cuando pierden, y es el signo de los tiempos, que les da la razón: peperos e iuneros mantienen sus cabezas y al final salen ganando. Lo mismo que hizo la izquierda de verdad aquí y allí, lo mismo que está haciendo ahora la de mentira.

Estos días de despidos masivos y caras largas entre el funcionariado post-rodríguez/fernández no es que me alegre, pero sí entiendo que hay cierta justicia cuando echan a los verdugos, los mismos que a sabiendas de los impagos y las demoras nos fichaban para rellenar la memoria y el calendario de actividades. Esos técnicos de todo y gestores de la nada que no sufrían ningún tipo de arrepentimiento, que subcontrataban con la certeza de que se pagaba tarde, mal y a medias. Esos mismos que pudiéndose gastar dos gastaban diez, que atribuían su incuestionable competencia a su puesto de trabajo, olvidando el dedo que les colocó ahí, que pidió sus servicios a medida, que exigía ciertos valores inculcados por bautismo o confirmación -porque la izquierda estupenda también va a misa y también la da-.

Los pequeños socialistas del poder omnímodo se quedan ahora sin trabajo, y veremos qué clase de negocio montarán a medias con sus padres para llegar a dosmilveinte, si toda esa imaginación para y por la que fueron contratados en su día les hará llegar ahora a fin de mes.  Comprobaremos si saldan cuentas y tachan o subrayan de su lista de favores y favoritos.

Ahora esperamos a las nuevas huestes, aún no mayoritarias, regionalmente hablando, pero que vienen cargadas de regalos para los votantes, esos que les asegurarán siete legislaturas seguidas y convertirán todo esto en el cortijo que siempre fue, pero esta vez sí: sin falsas asambleas.

Y yo que voté a la izquierda rabiosa de los perdedores pasaré cuatro años estupendos viendo como nos ladran y lamen, asistiendo al simulacro demócrata de esta isla marginal de Europa, en una región de tercera velocidad del último vagón.

No hay salida, es inevitable: plantaremos tres o cuatro nucleares que por ley dejen su iva y su irpf en la tierra -esta vez sí- y convertirán este paisaje en humo y cenizas: una vieja Europa de provincias con varios tipos de contaminantes en vena: un Tajo de plutonio, un Guadiana de uranio y tres arroyuelos de radio del no-andaluz Guadalquivir tres.

El gluten de los mercados paseándose por la N-VI, ese es el futuro, amigos.

1 comentarios:

Anónimo | 17 de diciembre de 2011, 18:30

Apocalíptico, mas lúcido. Abrazos de JALL