antinaturalezas

Con las ansiedades de la semana treinta y nueve de embarazo:

A estas alturas de evolución me pregunto porqué la rotura de aguas o el ritmo de las contracciones no son estados mentales accesibles a voluntad. En la Era de a-un-solo-click estas cosas podrían solucionarse con un botón o un joystict, respectivamente: provocar pequeños fukujimas en el vientre o encargar a una o.t.a.n. de barbitúricos que bombardeen el bajo ídem, todo en nombre de la ciencia y nuestro placer.

Si hiciera caso de de mis síntomas y las nomenclaturas de mi tiempo, en estos momentos me hallaría en un estado de estrés pre-traumático y depresión pre-cuarentena sexual a los cuarenta. Cuando a la melancolía la empezaron a llamar depresión y el nerviosismo -o excitación- vino a nombrarse estrés -o ansiedad- nuestra libertad perceptiva y sensible se fue neutralizando. La nueva farmacología aplicada a la psicología viene a ser lo que la invención del mp3 a la música: se delimitan los rangos dinámicos, se suavizan las curvas.

Resumiendo: tengo derecho a estar sano e histérico a la vez, y así las cosas en un mismo post puedo ir contra la máquina o abrazarme a ella, de la misma manera que un mono nunca será tan bipolar como yo.

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