los reyes son los padres

Cuando uno se cansa de cantar qué fantástica-fantástica esta fiesta llega el dueño de la sala o su secuaz y te hecha por sobreactuación -no te lo dice, pero no soporta que lo pases mejor que él sin zona vip ni camarera individualizada,- de la misma manera que tus padres te reñían cuando reías frenéticamente y el motivo era ajeno a ellos.

Hoy pasaba por ser un día feliz hasta que me llamaron la atención por lo que comía, bebía o fumaba. A partir de ese momento cayeron del cielo las boinas verdes y las oenegés de mi ángel de la guarda y se fue todo a la mierda. Porque ahora, descreído, pienso devolver todos los regalos con su cheque de devolución a mi cuenta y que le den por culo a las fechas situacionistas y ejemplares. Hoy vi, mientras accedía al mundo mercantilista de los regalos fechados, cosas que necesitaba y me harían feliz. Sabedor de que no voy a encontrar esos tesoros envueltos a mi nombre lo mejor será devolver lo que no me pertenece y hacerme con esas joyas de mi universo personal que ni familiares ni amigos se habrán preocupado en testear si son de mi agrado, necesidad o culto.

Ahora, a las cero, cero y treinta minutos del día de reyes me descojono de mi voluntarismo a la hora de buscar a cada persona un regalo coherente cuando lo más fácil habría sido irme a la sección de aromas y buscarles el antídoto en xeromonas a su insensibilidad.

Pues eso, que me voy de rebajas y no pongo el despertador, que me piro.

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