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no lo conocía personalmente

Cuando fallece alguien a quien admiras nunca sabes si conocías del todo al personaje, a la persona o a la imagen. Nunca has podido saber si fue buena persona, si le pegó a sus hijos, si pensaba que la guerra estaba bien o si coincidió contigo al emocionarse con una obra de arte.
Hoy que se nos va Dennis Hopper siento que un alma libre y una mente crítica se ha ido. Pero también cuando se fueron las vidas anónimas de mis familiares reconocí no saber nada de sus leyendas: sus anodinas vidas en las que traicionaron a los suyos por un mundo mejor, sus heroicidades honestísimas que les hicieron perder puntos en la economía de sus vidas pero ingresaron en el limbo de los corazones tersos.
Queda entonces pensar que una parte de la pequeñísima alma de Babilonia, de la caníbal de los sueños, se pierde con la próstata corroída de este buen hombre. Ahora sé que no podría vivir sin próstata -cosa que uno al corazón, el pulmón, el cerebro, el páncreas, la piel y el seno- y que tendrán que venir muchos hasta que yo sienta que mi parcela de libertad está abanderada por alguien que llegue al cincho de Dennis.
¡Da miedo la muerte!
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menú de campaña

Se oye un avión de guerra pasando cerca de nuestras cabezas. Se oye el murmullo policíaco de las radios patrulleras. Se oye a la gente silenciar sus tertulias cuando pasa una tanqueta por la calle peatonal a la que se asoma mi balcón..
Mi ciudad espera los simulacros de batalla y los desfiles militares que tendrán lugar este fin de semana. La secreta entra en todos y cada uno de los edificios que exponen sus fachadas al itinerario, revisan las habitaciones, los armarios, los tabiques falsos, las camillas, los lavaderos que se usan de trasteros, miran bajo la cama, abren el mueble bar e inspeccionan las botellas de licores que regalaron a nuestros padres cuando nacimos en los setenta, abren el joyero con las medallitas que nos regalaron al nacer, abren las cajas de los juegos de mesa con los que peleábamos  mientras crecíamos, revuelven la ropa de invierno, miran el álbum de fotos sonrosadas -parece que el azul y el verde son más caducos y se diluyen antes de nuestras añejas instantáneas, o igual la vida era entonces rosa como un periodo pictórico y la vida de nuestros padres gris y en blanco y negro, o igual esta generación la mía que va aprehendiendo la tecnología a lomos de yogourt y precocinados ha de verse sorprendida constantemente por maneras y técnicas en que se estampa su huella ora con químicos ora con píxeles que lo mismo impresionan una pantalla de eme ese dos que un pequeño y ridículo nokia de trescientos gramos y pantalla de equis -pocas- pulgadas que no centímetros-...
La intimidad sale por la puerta cuando el secreta se va dando un portazo hastiado de tanta sentimentalidad incomprendida y pasa otro avión mientras me veo en un vídeo antiguo que colgué en youtube con la misma canción de NIN que me pongo para recorrer la circunvalación de la alcazaba cuando voy y vengo de la tienda familiar de marcos y bellas artes en San Roque.
La misma canción que supone un ligero latigazo de locura al hilo de pensamiento que hago constar luego en lo que escribo y antes filmaba o grababa o hacía que generaba y, simplemente, salía de mi cabeza sin querer decir nada concreto de mí o de mi vida o de mi experiencia o, también, del simulacro.
Otro avión y otros más que dejan caer su amenaza de bomba a base de sonido ultrasónico para decirnos que pueden pero no quieren hacerlo porque además de conducir un arma de millones de euros el explosivo inteligente que podrían dejarnos caer vale también un pico de dólares.
El cabrón de deejay o pulsa-play que monopoliza el hilo musical del casco antiguo pone siempre la misma canción del grupo que le pasó una canción al recepcionista del hotel donde se hospedaba Woody Allen en Barcelona cuando rodaba Vicky Cristina Ídem. La misma canción suena un rato antes de que las persianas metálicas de los locales comerciales se bajen al cierre de las catorce horas y todo este soniquete de aviones, radioescuchas, murmullos apagados, tanquetas, hilo musical, puertas de muebles-bar y metálicos cierres me desquicia primero y me serena cuando sé que hasta los pilotos tienen que irse a comer y no suena nada salvo la sintonía del telediario que escucho mientras cocino cualquier cosa.
Hoy comemos arroz blanco con atún y mahonesa regados con coca-cola, reza el rancho.
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defecando con wifi

Los bares donde tomamos vinos están cerca. Si tengo ganas de montar en la vespa vengo a casa un momento y luego bajo otra vez. Miro el correo, os leo relacionaros, plantear y vivir. Y antes de bajar apunto esto: ¿por qué me espera Sara abajo con media heineken hablando con alguien sin sabiduría? ¿por qué bajo yo ahora y me pongo a abrir y pinturrajear mis libros hasta que alguien me succione y me hable y yo le responda y hasta llegue a entusiasmarme con el fútbol y con las policías de todo el país que han tomado  mi ciudad para que las fuerzas armadas y el hijo de juan carlos vean un desfile y un desembarco en el guadiana seco que pasa junto a mi casa? ¿por qué? Y conste que hemos llamado antes de que ocurriera todo esto a Fco. Javier Pérez para decirle que sí, que queremos publicar su libro y que estamos maravillosamente encantados de hacerlo.
Bien.
Cojo rotuladores negros y bajo otra vez a decorar etiquetas de mahou.
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carreteras azules

El mapa turístico de Extremadura de la Junta de Ídem -que se entrega en las oficinas de turismo y que me suele ser muy útil a la hora de salir de ruta a pegar carteles por esta geografía- colorea de azul todas las carreteras que no son nacionales, rojas, o provinciales, amarillas. Así resulta que las comarcales son el resto: una cartografía in blue donde podemos encontrarnos carreteras de doble carril con arcén, sin arcén, con carril para dos vehículos y, finalmente, para uno, las más emocionantes.
En el mapa aparecen y desaparecen vías comarcales igual que en la realidad: tengo nuevos trazados y algunas tachaduras que resultarán de lo más artísticas para algunos, pero puedo jurar que son verosímiles.
Elegí mi rally particular de Berzocana a Garciaz para contemplar el paisaje con la música bajita -hay que ir tocando el claxon en algunas curvas para comprobar que vas solo y de frente no aparecerá nadie.- La naturaleza en primavera y con sobrehidratación está que hace explotar flores y bichos -ambos casos he podido comprobarlos con textualidad sin que mi coche (María Luisa, una Vaneo) tuviera nada que ver.- Durante todo el camino no encontré un solo arroyo seco, y con estas infraestructuras uno diría que pasa por debajo al atravesarlos.
He seguido el resto de la mañana y buena parte de la tarde haciendo espirales alrededor de Trujillo, hasta que me dio por recorrer el sur de este rancio municipio. Llegar a La Cumbre fue fácil, encontrar la salida fue un milagro. El siguiente pueblo que venía en la lista, Plasenzuela, tenía una línea azul que lo conectaba con la borrascosa localidad anterior, según el mapa, pero no hubo manera -la taché, naturalmente-, tuve que volver a la N-521, bajar unos kilómetros dirección Cáceres y volver a torcer a la izquierda por una recién asfaltada pista para karts todoterreno. Afortunadamente salí de allí habiendo dejado la cartelería bajo el felpudo de la casa consistorial y me largué dirección Ibahernando para perderme en Ruanes. Esta laberíntica pedanía tiene las seis salidas -seis- custodiadas por mastines quejumbrosos -cuatro- y pastores alemanes timidísimos -dos.- Como todo el mundo sabe los perros enanos son los dueños y señores de las plazas de los pueblos y no dejan que los caninos desproporcionados invadan su territorio.
Cuando llevaba medio kilómetro por la salida que me había indicado uno de los pastores germanos más simpáticos me di cuenta de que aquel azul acababa en un cementerio de pulgas. Pregunté a dos señoras paseantes enlutadas que diligentemente me contestaron que para ir a Miajadas lo mejor era volver al pueblo... Me lo había estado temiendo. En el lugar donde antes estaba el can austro-húngaro había ahora un señor metido en una ranchera con una mano al volante y la otra por fuera de la ventanilla agarrando una cuerda que servía de corbata a un caballo. Decidí no interrogarle y atravesé la plaza de los lebreles enanos para llegar a otra salida menos perruna.
Por fin un buen samaritano -humano- me indicó una carretera que siguiendo ésta aparece a dos kilómetros a tu derecha. Seguí la pista que me llevaba a otra a medio asfaltar, quizá un esbozo de carretera o un vestigio del fuego de mortero de la memoria histórica. En cualquier caso la senda lunar y su firme parecían esquizoides: ora rectas larguísimas ora tirabuzones, ya firme ya viruela de asfalto. Al salir de una curva vi a lo lejos, muy lejos, Escurial.
Un punto intermedio en el horizonte gris y transversal de la brea sobre la que conducía se fue haciendo enorme y con motas. Frené poco a poco, primero, y luego en seco. Un pastor ayudaba a un ternero recién nacido a levantarse y la madre se erguía ante mi coche para defenderlo. Cuando el animal dejó de ver la masa metálica como un todo y me vio la cara de alhelao decidió dejarme pasar, mientras el ternero, pingando de humedad marital buscaba ahora otra de las ubres.
-Adiós, y enhorabuena -le dije al pastor mientras aceleraba suavemente.-

Acabo de llegar a casa con agujetas de conductor y la primavera en lo alto.
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ordenación, humanística y discos duros internos

Siempre llamé a  C:/  -la memoria de mi ordenador-: Cisco duro.
Hace un año llevé éste y dos ordenadores más al garaje de un hacker blanco para formatearlos y purificarlos de todo virus infectado y por infectar, conectarles nuevos sistemas de refigeración y curarles las venéreas físicas -hard-y espirituales -soft- de sus orificios usb con hímenes plug and play.
No puedo quejarme: desde entonces todo funciona correctamente y sin apenas altibajos de rendimiento. sin embargo todos mis discos fueron renombrados y bautizados. Mis ordenadores se llaman desde entonces TITÁN y me resulta imposible cambiarles el nombre.
Me pregunto si mis unidades informáticas pertenecen ahora a una secta titánica y sus altibajos son conexiones que los zombifican para las pretensiones de cálculo o violación de intimidad de su maestre remoto.
"El problema de los ordenadores es que son demasiado lógicos," decía alguien mayor en mi pasado reciente. Pensé que se es lógico o no se es, los grises racionalistas siempre me dieron miedo y ahora, en plena paranoia de consciencia remota en mi software me veo convirtiéndome en ermitaño, cenobita o asceta.

(En los libros de Ender no hay ordenadores, sino consolas; en los de Dune tampoco, son humanos entrenados como calculadoras.)
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el árbol de poe

Trajimos varios títulos de Punta Umbría del taller de Francisco Cumpián. Empezó Sara adquiriendo el Yo soy, yo eres, yo es de Juan Bonilla, y más tarde me acerqué a por dos cuadernos del agravio: de Jacinto Pariente y el mismo Cumpián.
Paso los dedos por las líneas grabadas de texto con la hipersensibilidad del que no ha dormido en varios días. El café siempre me sabrá a siglo pasado.
Este año de diluvios será recordado por los árboles de agua que nunca antes habían vuelto a crecer.
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jabones

Nunca he sabido si por facilitarme la vida o por gusto me he ido decidiendo por tal o cual marca de aseo. Me resulta más fácil buscar mi marca en los estantes del supermercado, droguería o farmacia que coger el primero que tenga al alcance de la mano. Según qué química la siento más o menos familiar y cuando salgo de la ducha es de agradecer, si el agua no me ha despertado ya, reconocerme.
No tengo demasiados problemas en encontrar Tulipán Negro verde, mi desodorante desde hace diez años, que aunque tiene versión macho prefiero la unisex.
El close-up rojo es más difícil de encontrar y sólo consigo este dentífrico en una droguería de barrio.
Ayer estuvimos en mercadona donde sí hay Tulipán pero no Moussel, mi gel de baño. Me decante por uno violeta tras oler diez o doce, entre ellos Magno y uno de La Toja, que olían a casa de mis abuelos. Esta mañana, mientras derramaba gel sobre la esponja, me di un susto de muerte cuando leí de refilón en el bote: Gel de Lavadero. Me desperté un poco más y conseguí leer: Gel de Lavanda y Romero.
Ahora que me recuesto frante al ordenador siento que huelo como otro y así soy otro, me es más difícil dejarme llevar por mis propios fantasmas que reaccionan a la química del Moussel de Legrain, París, de manera más ordenada que estos otros de la lavanda y el romero, menos urbanitas y más viscerales.

He llamado a Fidel: nos vemos en media hora en el rastro, donde buscaremos novelas de serie B, cachivaches y jabón hecho a mano. 
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Conte atrás

Es buena hora para levantarse. Apenas tengo tiempo de verter un espidifén y darle al play. Suena paolo conte y el salón amanece lleno de cáscaras de mouse de chocolate hacendado. Sara dice que me acompaña a Cáceres si vuelvo a la cama. Renovamos votos. Llamamos a nuestro abogado para que nos espere a comer. Cáceres tendrá menos resaca que nosotros. No hace frío, tampoco calor. Espero que Sara se vista mientras suena azurro y luego limón...
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EDITA 2010

Acabamos de llegar a Badajoz tras el encuentro en Punta Umbría.
Me he pasado el viaje recitando poemas en mi cabeza y escuchando Carrusel Deportivo. Sara se dormía y se despertaba mientras cruzábamos la sierra de Aracena. A veces le tapaba los ojos para que no viera el cuerpo de un zorro atropellado.
En la ducha he cambiado el repertorio de mis grandes éxitos del pop bajo la lluvia por más poemas.
Tenía un montón de cosas que escribir pero el pelo mojado me relaja demasiado y apenas las recuerdo: lágrimas tras la lectura de la poeta, un camisón verde con franjas en el pecho con los colores de la bandera de Colombia, el boomerang del poeta visual -y sonetista- que imaginé había lanzado el año pasado y recogía ahora tras dar una vuelta al mundo, las letras con huella del Árbol de Poe, los corazones rebosantes de vino y salud, los versos plutonianos -o neptunianos, no recuerdo bien-, el tutú y el yoyó...
En un rato tocará distribuir los libros adquiridos, cambiados o regalados en las diferentes bibliotecas de la casa: la biblioteca del cuarto de baño, la biblioteca de la mesilla de noche, la biblioteca del estudio y la mesa del salón, que sin ser biblioteca es el lugar elegido para dar la bienvenida a las nuevas publicaciones y donde parten hacia una u otra habitación, o van de una a otra pasando por este libropuerto que es la mesa.
Tendré que seguir contando cosas en otro momento.
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