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metabitácora y render

Mañana por la noche trabajo de Vj en la Sala Aftasí. Estoy preparando loops de vídeo con algunas imágenes tomadas el fin de semana pasado en ARCO: una calavera de espejos, unas animaciones 3D, un gif animado que emitía una pantalla de leds amarillos, etc. Ahora mismo están rendeándose en premiere, y justo cuando acabe este proceso tendré que exportarlos a un avi con un códec especialmente digerible para resolume.
Mientras la máquina calcula he investigado sobre los gadjets que pone la gente en sus bitácoras. También googleé entre blogs de la región y la mayoría son bastante localistas: cosas que pasan cerca del que escribe, cosas que pasan en el mundo y aparecen en la televisión, etcétera. Pocas cosas que pasan en sus cabezas.
La cabeza del ordenador ha terminado calcular.
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facebook

Cambié de imagen hace unos días. A este tipo de cosas se le llama posar.
Se puede comprobar que ya me he comido el flemón.
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nudozurdo

Escuchaba a unos lobos que empezaban el tema groove de la banda sonora de KIDS camino de Elvas. Pensaba en el necesario desarrollo psicológico de mis personajes de SUPERNEGRO, que eran diferentes versiones de mí con diferentes problemas generacionales, tanto por la realidad que les había tocado vivir como por las edades que protagonizaban: mismas anécdotas desfiguradas, mismo desasosiego. Estaba intentando dibujarles la línea de vida que les quedaba por andar en la novela: la misma ciencia ficción con la que imagino el futuro de mis diferentes posibles vidas.
Los lobos dejaban de aullar y el móvil pitaba dos veces: mensaje de despedida hispana, mensaje de bienvenida lusa.
Cambié a los Ilegales porque el auto-cd no leía otras músicas del pendrai, seleccioné tiempos nuevos, tiempos salvajes mientras recorría a 50 km/h los cuatro kilómetros desolados que separan el cartel del topónimo de la ciudad con las primeras viviendas.
Quedaba una canción legible que no era niño ni delincuente. Llegué hasta la puerta del conservatorio y salió Sara con el violonchelo a la espalda y le dije:
-Yo soy el hijo de dios
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el artículo del mes




ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Robinson fotógrafo

Sin moverse de su pueblo, Kyjov, una pequeña ciudad de provincia en Moravia, Miroslav Tichý, consiguió vivir como un náufrago en una isla desierta, un Robinson Crusoe cubierto con ropas que poco a poco se fueron convirtiendo en harapos, la cara escondida tras una pelambre salvaje en la que brillaban cada vez más los ojos sagaces y claros. Miroslav Tichý, que había sido un joven artista prometedor en Praga, hacia 1945, en el breve periodo de libertad después de la guerra, entre la derrota de los alemanes y la imposición del régimen comunista, conoció primero el naufragio del trastorno mental y luego del acoso político, pero en sus fotografías de juventud no hay nada que anticipe la figura de ermitaño y de afable misántropo que iba a rondar las calles y los parques de Kyjov desde los años sesenta. En las fotos de juventud, Tichý es un joven alto, de pelo rubio, con una franca cara eslava, con uno de esos trajes claros y holgados que visten en las películas de Hollywood los refugiados antifascistas del centro de Europa, Paul Henreid en Casablanca. Hacia 1968 la ropa que llevaba era una confusión de jirones asegurados con cuerdas y con trozos de alambre, y en una de las ocasiones en los que la policía lo encerró el informe sobre el estado de su higiene ocupaba unas sesenta páginas, e incluía el número de piojos que tenía en el pelo y la presencia, en un bolsillo, de una cucaracha viva.

A Miroslav Tichý la policía iba a buscarlo cada vez que había visitas de dignatarios comunistas a la ciudad o en vísperas de las fiestas oficiales, el 1 de Mayo, el aniversario de la Revolución Soviética. Él esperaba, sentado junto a una pequeña maleta en la que guardaba una muda de ropa, en el caos creciente en el que se había convertido con los años su vivienda diminuta, que era también su estudio de pintor y su laboratorio de fotografía. En un coche celular los policías lo llevaban al psiquiátrico penitenciario y allí se quedaba encerrado hasta que pasaban las fiestas o se iba el dignatario en visita oficial. Le cortaban el pelo y la barba, lo bañaban, le hacían cambiarse de ropa, y en cuanto salía a la calle empezaba otra vez el demorado naufragio. Lo que no le quitaron nunca fue su cámara fotográfica, quizás porque imaginaban que aquel artefacto hecho con cartones, trozos de plástico, carretes de hilo, chapas oxidadas de cerveza, elásticos de calzoncillos viejos, pudiera servir para algo, aparte de como distracción para las fantasías de un demente.

En su juventud, Miroslav Tichý había querido ser pintor. Admiraba a Matisse y al Picasso del periodo neoclásico: sus dibujos de mujeres, sobre todo, desnudos gráciles que estaban a medias entre la solvencia del dibujo académico y la instantaneidad en la observación de la vida. Como Degas, prefería dibujar de memoria, perseguir con la línea no lo que está delante de los ojos sino lo que ha sabido retener el recuerdo. En la Academia de Arte de Praga, con la llegada del régimen comunista, las modelos desnudas quedaron proscritas: el deber de los artistas sería desde ahora pintar recios obreros con monos de trabajo, alzando el puño, sosteniendo martillos.

En Praga la presión política era demasiado sofocante. Convenía más retirarse con cautela a la provincia de uno. Incapaz de instalarse en la conformidad, Tichý eligió ser un raro o un loco, entre ermitaño y bufón, un pordiosero que lograría su libertad de náufrago no pidiendo ni necesitando nada. Tenía un estudio y lo expulsaron de él y tiraron a la calle sus cuadros y sus cuadernos de dibujos. No correría peligro de que le sucediera de nuevo si dejaba de pintar. Para que no le quitaran otra vez su estudio la solución era no tenerlo.

Pero tampoco lo necesitaba. Todo dibujo ha sido ya dibujado; todos los cuadros están pintados ya. El dibujo, la pintura, el lienzo, el papel, eran compromisos, distracciones formales que lo apartaban a uno de lo único que de verdad tenía importancia, la realidad visible. La belleza a la que aspiraba el arte estaba en cualquier esquina, en medio de la calle: formas y líneas, contrastes, equilibrios de composición. Qué falta hacía una modelo, paralizada en gestos académicos, hastiada de permanecer inmóvil. En cualquier mujer más o menos joven que caminara por la calle o se sentara en un banco cruzando las piernas o quitándose los tacones para masajearse los pies doloridos estaba el catálogo de todas las artes; mujeres siempre vistas a una cierta distancia, quizás alarmadas por la aparición de la figura greñuda y familiar, quizás sonriendo con una cierta indulgencia divertida o tan absortas en sus pensamientos que no repararían en él, y menos aún en su cámara, muchas veces escondida entre los harapos.

Salía a caminar con la primera luz del amanecer y sólo regresaba a aquel cuarto que era más bien una madriguera en cuanto declinaba el sol de la tarde. Tomaba unas cien fotos diarias. Las fotos sucedían, sin que yo hiciera nada, sólo apretar el disparador. La lente era un trozo de plexiglás pulido con una mezcla de pasta de dientes y ceniza de cigarrillo. En las fotos ya reveladas se notan a veces las huellas de sus dedos sucios, las manchas de humedad del suelo en el que las amontonaba, las mordeduras de los ratones y de la polilla. Las enmarcaba a veces usando trozos recortados de cartón o subrayaba con un bolígrafo o una pluma alguna línea que hubiera quedado demasiado borrosa, o que a él le interesara resaltar. Las fotos no tienen títulos ni están fechadas. La tosquedad del procedimiento, la pobreza de los materiales, la prisa, el abandono, el efecto del tiempo, son atributos de su delicada extrañeza, del hechizo entre carnal y melancólico de la presencia femenina. Ni la ciudad ni el paisaje existen para Miroslav Tichý: sólo las mujeres, casi siempre un poco borrosas, por efecto de la distancia o del mecanismo rústico de la cámara hecha a mano, mujeres vistas de espaldas, caminando por una acera, sentadas en un café, con las piernas cruzadas y la falda por encima de las rodillas, tendidas al sol junto a una piscina, sonriendo desde el otro lado de una verja, bajando de un coche, intercambiando confidencias con las cabezas juntas, recogiéndose el pelo en la nuca, saliendo del agua con un deslumbramiento de sol en la piel morena, entrevistas de lejos cuando echan la cabeza a un lado antes de besar a un hombre. Filósofo en andrajos, como el Demócrito de Velázquez, con el que comparte la risa desdentada, Tichý asegura, incrédulo de que sus viejas fotos se vean por todo el mundo y estén ahora en una exposición en Nueva York, que todo no es exactamente el mismo sueño, el anonimato y la fama, las mujeres reales y las retratadas, fantasmas igualados por el paso del tiempo.Para tener éxito sólo es necesario hacer algo peor que nadie en el mundo, dice, muerto de risa, en un documental, bebiendo ron en un vaso opaco de mugre, como un Robinson Crusoe muy viejo que ya no abandonará su isla de basura.
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arcos voltaicos

Ayer domingo llovía en Madrid. Desayunábamos en la Gran Vía mientras la gente hacía sus compras -casi todo estaba abierto- y diluviaba. Entramos en La Casa del libro y compramos un caleidoscopio y unos poemas. Luego acompañé a Sara a mirar ropa interior. Ella deambulaba por la tienda mientras yo leía la Carne de Pixel recién adquirida entre bragas y sujetadores.
Más tarde fuimos a ARCO a pasear y nos revendieron a 22 euros unas invitaciones que costaban 32.
Llegamos tarde a Badajoz después de perdernos varias veces intentando, antes de salir, llegar a Getafe a ver al padre de Tristán.
Ahora espero los resultados de la operación de juanetes de mi madre y en el baño se tinta un predictor.
Buenos días, sigue lloviendo.
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capítulo

31. Gran Renault 12 familiar.

Andrea volvía a desvelarse. Aquel calor nocturno era insoportable. Cuanto más insistía en quedarse en la cama más se volvía húmeda y pegajosa.
Paseó por la casa como quien juega a buscar a wally. Llegaba a una habitación, encendía la luz, y se plantaba descalza en el umbral. Nunca el pie atravesaba la baldosa de la estancia. Al rato de observarla de arriba abajo, después de introducir la cabeza para ver la pared que le quedaba oculta, después de ponerse de puntillas o agacharse para ver el espacio que le ocultaba un mueble, decidía fijar su atención en un objeto en concreto. Entonces pasaba a través del marco de la puerta y lo cogía, inspeccionándolo con mucho detenimiento.
El objeto podía serle totalmente ajeno y le imaginaba su historia: quién lo hizo, quién lo compró, a quién lo regaló –si era el caso-, si era práctico o decorativo, etcétera. Después biografiar el objeto pasaba a darle vida: intuía si era masculino o femenino, si tenía familia o la había tenido, si había sido feliz, si lo era o si tenía ganas de cambiar de vida. Andrea llegaba incluso a vaticinar su futuro.
Otras veces el objeto era suyo y le traía recuerdos. En ese caso repensaba si necesitaba tenerlos presentes o era mejor enterrarlos en su baúl de madera de ciprés. Aquel viaje de una repisa a su particular cementerio podía ser de ida y vuelta. No era muy habitual dar sepultura a un objeto que un buen día le empezaba a dar mal rollo –varias veces al año y no premeditadamente- y tampoco estar sentada en el sofá, o paseando por el parque, o viendo una película en el cine y decidir resucitar la llave física de toda una cadena de neuronas usadas hace mucho tiempo.
En aquel baúl estaban los velos que utilizaba en el Babel, la comba que mató a su hermana, el reloj de un novio que tuvo, la ostia regurgitada de su primera comunión, un zapato de tacón altísimo y nuevo que encontró en la calle de una aldea, el pomo del cambio del Renault 12 de su marido que compraron en un bar de carretera y que tenía hibernando en metacrilato una estrella y un caballito de mar… 

(Capítulo 31 de SUPERNEGRO, publicado en EL CASCO 14, diciembre de 2009)
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entierro de la sardina

Salgo para San Roque a grabar a los restos de la batalla y dejar raspas colgadas de los cables telefónicos.
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lunes de carnaval

El frío ha matado por congelación a los gallos. Esta mañana conté las campanadas para saber a qué hora me estaba despertando.
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retraducciones

Uno de mis proyectos actuales consiste en traducir libros al español con traductores web, retraducirlo luego a su idioma original y volver otra vez al español. No sé aún el número de veces que repetiré la misma operación. Intentaré destrozar el texto lo máximo que me sea posible. En un principio pensé ir introduciendo pequeñas alteraciones para ver cómo se comportaba el traductor, pero ahora, vistos los primeros resultados, se me antoja que no va a ser necesario.
He empezado por el Tractatus de Wittgenstein y resulta escalofriante.
Contemplo la idea de darle todo esto a Aristas Martínez para publicarlo, de ahí lo de utilizar libros libres de derechos.
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tres bocetadas


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la vida

Hoy estábamos presentando EL CASCO 16. Me puse unas tetas y me pinté los labios. Me recordé al vídeo-clip de Queens of Stone Age de Monster on Parasol. Pasaron las horas y nadie tuvo en cuenta mi prótesis ni mi pintalabios. Comenzó entonces el vía crucis de  los jueves, casi único día que salgo, de amigos y conocidos que comunicándome intimidades necesitaban consejo para su buenvenir futuro.
No tengo ni idea de como contestar a estas lides sociológicas y mundanas. No tengo explicación para contar que ando leyendo un libro, escribiendo otro y filmando mi vida, que no tengo tiempo ni recursos ni oídos para entender lo que les pasa. Sin embargo me venzo: escucho lo que me cuentan y delibero, digo lo que pienso, lo que yo haría y lo que no, vivo la vida de el otro varios segundos y, sin derecho, juzgo.
Ahora, ya en casa, me doy asco. Lo escribo y me doy menos. A fin de cuentas: en que mano guardo la sabiduría, claro, en ninguna.
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de amigo a deudor

Todas las personas que salen de mi vida me dejan a deber 50 €, a veces más, nunca menos.
Firmo en billetes de cincuenta un contrato de separación o una carta de despido, sólo hago una copia y nunca me la quedo yo.
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sobre EL CASCO

Hace unos días mandé un mail a posibles colaboradores de EL CASCO 17, que estará dedicado al casco antiguo cacereño, y se presentará en el espacio BelleArtes el 18 de marzo. Tuve que re-hacer una sinopsis que ya mandé a Edita el pasado año para ajustar la actual dirección de la revista y explicar las características necesarias para la publicación de obra. Escribía así:

El Casco es una revista-objeto de carácter mensual editada en Badajoz desde octubre de 2008. A fecha de hoy se han publicado 16 números y el 17 se presentará el 18 de marzo en Cáceres, en la galería BelleArtes, acompañando la inauguración de una exposición de los trabajos, obra gráfica y merchandaysing generados hasta ahora por la publicación..

La revista está editada en dos tipos de papel: cartulina mate de 160 gramos –excepcionalmente cambiamos el gramaje y material en algún número- para los linóleos de portada y contra, y papel mate de 100 gramos para los textos y el resto de ilustraciones. Las portadas/contras pueden ser blancas o de diferentes colores, y se estampan los linóleos con tinta de Offset, entre una y tres planchas, de uno a cuatro colores, por página. El resto de colaboraciones se imprime con fotocopias. Los textos se maquetan con photoshop utilizando tipografías de máquinas de escribir, al estilo de los fanzines que se facturaban, sobretodo, en los años ochenta.

Las colaboraciones giran en torno al Casco Antiguo de Badajoz, bien documentos críticos, bien creaciones que se desarrollan en el mismo escenario. Todo esto nos lleva, pese a lo que podríamos suponer, a un lugar efímero y universal: son muchas las colaboraciones que reinventan la historia de la zona y la ciudad ficcionándola, otras las que un emplazamiento local puede sustituirse por otro afín (un parque es un parque aquí y en Nueva York, con lo que el concepto de universalidad frente al de localidad queda solapado,) y finalmente hay narraciones con principio, parada o fin -de forma accidental- en este microcosmos. Por un lado se ha querido dar salida a los trabajos –documentales o de ficción- de diferentes autores, residan o no en la ciudad; por otro se ha construido una arqueología social y cultural: sabida es la falta de identidad cultural que, en general, tenemos en Extremadura, de ahí que con la reparación de nuestra memoria tendríamos más armas para saber quienes somos y hacia donde vamos.

Nos propusimos, en principio, hacer 10 números con esta filosofía y temporalidad, terminando la decena en verano de 2009.

En septiembre de ese mismo año decidimos continuar con esta línea editorial, con el mismo diseño, tirada y periodicidad; pero la temática se ha abierto, proponiendo monográficos, para que artistas de otras ciudades participen de nuestra propuesta, así como se han reducido de cuatro a dos los linóleos que aparecían en la publicación, con objeto de ofrecer un producto más asequible para los lectores, que pasan de pagar de 10 a 5€.

La tirada de la revista ronda los cuarenta ejemplares. Se entrega un ejemplar a cada colaborador y el resto se pone a la venta en bares de la ciudad afines a la revista.

Paralelamente el equipo de EL CASCO está ultimando la puesta en marcha de una editora, Aristas Martínez, que a lo largo del año irá publicando en formato libro obras que se repartirán en las siguientes cuatro colecciones:
*Libros del Caos: No-libros, manifiestos, diarios, etcétera.
*La maleta de Duchamp: Libros de artista.
*Extreme Hard: Extremadura.
*Publicaciones Pulpas: Postprosa y postpoética.

La presentación en Cáceres del número 17 invitará a todos los artistas locales o foráneos a participar como colaboradores, atendiendo al carácter y las características físicas de la publicación, esto es:
-               El formato de las ilustraciones/fotomontajes/cómics/fotos habrá de ser de 16x12,5 cm o dobles de 25x16cm (altura x anchura)
-               Las colaboraciones gráficas habrán de tener en cuenta que la calidad de impresión es la fotocopia, y cantidad máxima por autor de cuatro páginas sencillas o dos dobles.
-               Los textos no habrán de tener una extensión superior a folio y medio en un cuerpo Times New Roman de 12 puntos.
-               La temática girará en torno a la Ciudad de Cáceres, preferiblemente al casco antiguo y todos los temas relacionados con él.
-               La fecha máxima de recepción de originales será el 1 de marzo de 2010.
-               Todos los colaboradores serán obsequiados con un ejemplar del número 17 de EL CASCO.
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el rastro

Ayer compré en el rastro pacense:
LOS MENTALES de P.G.M. Calin
TIERRA SUCIA, de Jim Thompson
JUEGOS ELECTRÓNICOS PARA TV de H. Bernstein
LA BIBLIA DE JERUSALEM de varios autores
FORMULARIO GENERAL DE DOCUMENTOS de Ediciones Gaisa
OPINIONES DE UN PAYASO de Heinrich Böll
LA NOCHE DEL REPTIL de Curtis Garland
PESADILLA DE DESEO Y SANGRE de Burton Hare
EN LAS MONTAÑAS DE LA LOCURA de H.P. Lovecraft
y un álbum de cómics de Alex Raymond: RIP KIRBY
todo por 19 €uros
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flemón

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tsunami

Acabé de leer anoche El fondo del cielo, de Fresán. En las notas explicativas -una manía de la postpoética, según dice y practica Fdez. Mallo, supongo- al final del libro el autor nos habla que el proyecto, que la otra novela, tenía más episodios, obra y documentos; y que poco a poco los fue eliminando para no murakamizarse.
Hubiera preferido ese libro al que ayer terminé, después de tanta derrota y hallazgo y derrota y hallazgo: mejor una gran ola que este fondo que no lo es, sino la cresta del cielo.
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continúe

La semana que viene sacamos EL CASCO 16, cosa que llevo haciendo la mitad de los tres años que llevo en el limbo bloguero. Pero ya está bien, es hora de regresar, de empezar de una vez por todas, de adjuntar vida.
Alea jacta est.
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