agostismo-anti

Hoy mandé Zoombi a la imprenta. Necesité doce horas para maquetar ochenta páginas que ya había escrito y organizado -e incluso encuadernado a modo de prueba tres veces desde mediados de junio- previamente en word. Las ilustraciones de Fidel me llevaron a parir este engendro literario que inclasificaré, pero que lee de mi mente el intento de creación total que quiero usar para mi discurso, y transmitir esa posibilidad a mis amigos, colaboradores y/o creadores con los que quiero trabajar, ya sea publicando, produciendo o exhibiendo su obra.
Ayuda tener cerca a Sara que también crea y ayuda y me pide ayuda y colabora al cien por cien en el cincuenta que posee de nuestro proyecto editorial, por decir sólo eso en esta parte material y sensible de nuestra convivencia obviando el resto.
Las razones de comenzar autopublicándome radican en la falta de experiencia en el medio: métodos de producción, distribución y gestión que, maldita sea, coartan al más pintado a la hora de iniciarse en la producción cultural -no es de extrañar que los mimos y ánimos de los que tenemos cerca nos parezcan, ahora mismo, el flotador básico donde agarrarnos cuando nuestra moral cabizbajea ahogada en papeleos, legalidades y pequeñas malicias ajenas.-
Justificaba empezar conmigo porque si he de experimentar con todo esto antes de firmar nada con nadie que sea yo el que sufra las consecuencias de esta puerilidad empresarial: no sería de recibo prometer a otros lo que imprentas, distribuidoras y librerías me prometen a mí sin sufrir en carnes las posibles heridas que la rúbrica en sangre produce.
Quizá por eso -convencido de las obras, voluntades, personalidades y palabras de los futuros nombres, ahora amigos: Rodolfo, Fco. Javier, Joana, Valeria, Alberto, etc, que iremos publicando- he necesitado embarcar en la nave a Fidel que ha prestado su talento en iluminar este cuadernillo que con él es libro.
Espero que en quince días, cuando lo tenga es las manos, cuando lo pueda comprar vía La Casa del Libro, El Corte Inglés o Amazon -todos parte del trato-, cuando todos los amigos nombrados y agradecidos en la página 75 tengan su trocito de tarta, cuando encuentre la errata más idiota jamás incluida en texto impreso alguno, cuando me busque en una biblioteca y me fije en las fechas de salida del libro, cuando vea como menguan, se mantienen o ¿aumentan? los ejemplares que dejé en la librería Univérsitas cerca de casa; entonces sabré que sí, que planté un hijo, escribí un árbol y, alguna vez, tuve un libro.

1 comentarios:

JA LLERA | 3 de agosto de 2010, 23:52

Ya tengo ganas de acariciar ese zoombi. Mucha suerte.