no lo conocía personalmente

Cuando fallece alguien a quien admiras nunca sabes si conocías del todo al personaje, a la persona o a la imagen. Nunca has podido saber si fue buena persona, si le pegó a sus hijos, si pensaba que la guerra estaba bien o si coincidió contigo al emocionarse con una obra de arte.
Hoy que se nos va Dennis Hopper siento que un alma libre y una mente crítica se ha ido. Pero también cuando se fueron las vidas anónimas de mis familiares reconocí no saber nada de sus leyendas: sus anodinas vidas en las que traicionaron a los suyos por un mundo mejor, sus heroicidades honestísimas que les hicieron perder puntos en la economía de sus vidas pero ingresaron en el limbo de los corazones tersos.
Queda entonces pensar que una parte de la pequeñísima alma de Babilonia, de la caníbal de los sueños, se pierde con la próstata corroída de este buen hombre. Ahora sé que no podría vivir sin próstata -cosa que uno al corazón, el pulmón, el cerebro, el páncreas, la piel y el seno- y que tendrán que venir muchos hasta que yo sienta que mi parcela de libertad está abanderada por alguien que llegue al cincho de Dennis.
¡Da miedo la muerte!

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