el árbol de poe

Trajimos varios títulos de Punta Umbría del taller de Francisco Cumpián. Empezó Sara adquiriendo el Yo soy, yo eres, yo es de Juan Bonilla, y más tarde me acerqué a por dos cuadernos del agravio: de Jacinto Pariente y el mismo Cumpián.
Paso los dedos por las líneas grabadas de texto con la hipersensibilidad del que no ha dormido en varios días. El café siempre me sabrá a siglo pasado.
Este año de diluvios será recordado por los árboles de agua que nunca antes habían vuelto a crecer.

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