repliegue

Ciertas ideas se convierten en novelas mentales. Anoche, antes de acostarme me leía una en mi cabeza en un Los Ángeles a lo Blade Runner, sólo que la ciudad californiana era una suerte de poblado del Ambroz y en lugar de buscar replicantes buscaba cosas. Hoy me levanté soñando otra novela: esta vez un mastodóntico y antiguo edificio abandonado me servía de taller creativo okupa. Entre las ruinas de este edificio digno de las cuevas de Moira encontraba cierto artilugio del siglo dieciocho que tomaba fotos secuenciadas y las dividía en tres negativos de cinta de seda traslúcida a la manera de una máquina de escribir convertida en cámara de cine.

Me espera una semana llena de aristas.

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