nudozurdo

Escuchaba a unos lobos que empezaban el tema groove de la banda sonora de KIDS camino de Elvas. Pensaba en el necesario desarrollo psicológico de mis personajes de SUPERNEGRO, que eran diferentes versiones de mí con diferentes problemas generacionales, tanto por la realidad que les había tocado vivir como por las edades que protagonizaban: mismas anécdotas desfiguradas, mismo desasosiego. Estaba intentando dibujarles la línea de vida que les quedaba por andar en la novela: la misma ciencia ficción con la que imagino el futuro de mis diferentes posibles vidas.
Los lobos dejaban de aullar y el móvil pitaba dos veces: mensaje de despedida hispana, mensaje de bienvenida lusa.
Cambié a los Ilegales porque el auto-cd no leía otras músicas del pendrai, seleccioné tiempos nuevos, tiempos salvajes mientras recorría a 50 km/h los cuatro kilómetros desolados que separan el cartel del topónimo de la ciudad con las primeras viviendas.
Quedaba una canción legible que no era niño ni delincuente. Llegué hasta la puerta del conservatorio y salió Sara con el violonchelo a la espalda y le dije:
-Yo soy el hijo de dios

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